Nos levantamos a las cuatro de la mañana, porque el avión salía a las ocho y, como sabéis, había que estar en el aeropuerto dos horas antes de embarcar. El viaje fue agotador, nos retrasaron el vuelo más de una hora (que podríamos haber empleado en dormir, pensé yo con cara de malas pulgas y la cabeza apoyada en el hombro de mi dormitante madre). La llegada a Bruselas se efectuó sin embargo a la hora prevista (jamás he entendido cómo los aviones hacen estas cosas de salir con retraso pero llegar a la hora. A veces pienso que nos timan como quieren). Hice de interprete en el alquiler del coche y más tarde en el check-in en el albergue (después de otras dos horas de viaje en coche en las cuales la que dormité fui yo y no mi madre. Y digo dormité y no dormir porque los avisos antirradares de nuestra infatigable Mari Juli no me lo permitían). A partir de ahí todo fue más rodado. Amsterdam fue realmente alucinante. Canales, droga, vicio, bicicletas, HOLANDESES… lo tiene todo. Llovía a mares, hacía un frío que pelaba, en lugar de a Holanda, parecía que habíamos viajado en el tiempo a noviembre… pero yo soy amante de los días grises (por mucho que mis migrañas se empeñen en decir lo contrario) y no me importó. El Reijmuseum me encantó y me quedé con ganas de ir al Van Gogh, pero como todo no se puede tener, me conformo. Es cierto que temí por mi vida en un par de ocasiones en las que tuve que elegir entre esquivar a una mole holandesa de nombre Ludwig (por ejemplo), una bicicleta, un tranvía o un coche. Era emocionante de todas formas y, milagrosamente, salí con vida. Total, que Amsterdam en esencia sazonada con los chapurreos lingüísticos de mi padre y las capas de lluvia propias de parque de atracciones que mi madre nos hacía llevar, sumado todo ello a la relectura por enésima vez de Harry Potter (tradición veraniega que comparto con mi hermana) se convirtió en un lugar en parte traumático y en parte delicioso. Repetiré la experiencia! Me acompañáis?
Como no quiero dar mucho la tabarra ni monopolizar este rinconcín virtual que nos hemos reservado, me despido sin dilación prometiendo continuar mi aventura neerlandesa en el futuro (continúa por Bélgica… yuju!). No me regañéis por haber escrito tanto últimamente, es que hoy me he sentido especialmente lejos de vosotras. Perdonadme y comprendedme!
Mi stupid conexión borró el comentario que escribí en tu entrada sobre el diseño gráfico de ayer. haré un resumen:
ResponderEliminar1. me pregunto cuando nuestras migrañas comprenderán que amamos los días grises.
2. ese es carrete rojito no???
3. si te das cuenta amplias campos porque lo que te propones hacer lo haces bien, me encanta tu catel y te odio porque jamás podría hacer algo así (ahórrate el "es una gilipoyez" porque yo no puedo hacer eso y punto!!!)
en fin, eres guay del paraguay y ai love yu so much!
carmeeennnn queremos saber como va el hockey!!!
3. Jamás habría podido hacer ese pixelado chachichupi sin ayuda del joven y gafapasta profesor de indescriptible belleza y estilo que guió mis pasos. Resultó ser una gilipollez, pero sola no lo habría conseguido.
ResponderEliminar